Cultura y Educación para la paz. Una perspectiva transversal

Paris A. Cabello-Tijerina & Reyna L. Vázquez Gutiérrez:
Cultura y Educación para la paz. Una perspectiva transversal

Reseña realizada por: Diego F. Yanten Cabrera

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Reseña:

El estado actual de lo dado, socialmente aprehendido, como esa consideración tendiente a la realización determinadora de una sociedad enquistada sobre la trascendencia que no se encuentra delimitada por el quietismo funcionalista que repercute en la idea conservadurista como esquema de consolidación de un statu quo inestable, como la proliferación de la desigualdad, la propuesta de un Estado omnipotente que deshereda, inopinada e intencionalmente, a un cierto porcentaje de la población, que redunda en la desigualdad y la desarmonía de los sujetos confederados en un contexto determinado, supone la necesaria consolidación de una respuesta, que contrariando la violencia directa, cultural y estructural, resignifique las relaciones sociales y acerque al hombre a la armonía relacional, tal es el propósito de la exuberante obra que tal notables autores intentan construir, llevando sus consideraciones más allá de la añosa advertencia del Estado regulador, por el contrario, prescribiendo senderos de responsabilidad individual contenidos en presupuestos de respeto, entendimiento intersubjetivo y la percepción de que el individuo sólo puede ser consciente de sí mismo, si considerándose como ser social, representa en el otro un ser humano insoslayable que repercute en su propia personalidad y sin él cual éste, sencillamente, no existe, mediante la adscripción de la educación y la, ulterior, consolidación de una cultura de paz.

El estudio es, en efecto, la confección de una narrativa –no pocas veces dejada de lado, tal es su originalidad y su superlativo nivel ilustrativo–, que tiene por génesis y consideración final a la “paz”, como fenómeno social determinado por el hombre mismo, en tanto, contenido inmanente a sus relaciones y al historicismo que brinda significación a su propia individualidad y que, contrastada con la imposible consideración de adquirir lo deseado por sí mismo, repercute en la eclosión antropológica del “Homo Pacis”, esto es, un sujeto capaz de aunar esfuerzos comunitarios, escudriñar la solidaridad y determinarse hacia el cooperativismo, pues, si, acaso, la estructuralidad gregaria del hombre faltase, este perecería, dado que el ambiente agreste y la consideración del animal rapaz es contrario a su propia naturaleza. Es la “paz”, entonces, la respuesta natural del hombre debida a su propia debilidad y la espiritualidad intelectual frente a ésta que constituye esfuerzos cooperativos para hacer frente a un mundo que le resulta opuesto.

El conflicto, en ese sentido, vendrá después, como un fenómeno, eminentemente, social, al interior del cual, se resquebrajan los fundamentos distantes de solidaridad, respeto y libertad, un fenómeno prescrito como esquema reflectante de una sociedad enquistada en la inconsideración de su propia trascendencia y la importancia, insustituible, de las generaciones futuras, por eso, no por otra cosa, los autores se precipitan, con fulgurante razón, sobre las concepciones “educación” para la paz y “cultura” de paz, la primera de ellas, como consideración debida para engastar en el presente social una transformación pacifica de los conflictos, el respeto por los derechos humanos y la trascendentalización de la “paz”, no como un hecho idealizado, esto es, como un futuro importado hacia la actualidad, no obstante, como tendencia progresiva que ya hace parte del mundo humano y que, dado su propia trasegar, es, en tanto presupuesto inestimable, menester consolidarla a nivel institucional, educacional y social, para hacer de la paz no un contenido esperanzador sino un presupuesto elemental de las relaciones humanas y futuras.

Empero, si la paz es ante todo un proceso y la educación para la paz la forma de extender su contenido a las generaciones presentes, modificando su perspectiva histórica, esto es, observando más allá del conocido significado antagonista de la paz como estado que superpone la “ausencia de guerra”, creando esquemas de cooperación, colectivizando los presupuestos individuales y aunándolos a esfuerzos gregarios con el propósito de encontrar nuevas tendencial vitales, no sólo garantizando el cumplimiento de las necesidades primarias futuras, además, determinando el camino para consolidar las que, a ultranza, aparecerán e, incluso, precisando un esquema pedagógico-educacional tendiente a la aprehensión material de una cultura de paz condicionando la transformación de los conflictos futuros a la percepción pacifista de respeto, integralidad, tolerancia y conjuración de la violencia sobre las postreras generaciones, lográndose, de esta forma, una real cultura de paz, en que, sea abolida la conflictividad y se aprecie una metamorfosis social hacia la perfectibilidad, entonces es ella, la educación la que debe pasar a considerarse como “excelso baluarte en la construcción de una cultura de paz, misma que es fortalecida mediante el desarrollo económico y social, la promoción de todos los derechos humanos, la garante igualdad entre hombres y mujeres, el fomento de la participación democrática…”, tal cual, opinan los autores.

En ese sentido, el libro es un exuberante, decidido y minucioso estudio de la resonancia que los estudios para la paz han sustentado hasta el momento, el análisis concienzudo de que trata esta obra, parte de las consideraciones propias de una historidicidad que no puede obliterarse, pasando por una interpretación adecuada y actual respecto al valor de la Polemología, hasta arribar a las dehesas de la Irenología, de Rotterdam a Galtung, todas estas como estadios del conocimiento que llevan a perfilar una diversidad condicionada hacia la paz positiva y el nivel contra-intuitivo del conflicto, no observado como algo a erradicar, con lo cual los autores van más allá del efecto predictible de la sanción o la crítica social, sino, como una oportunidad para asignar un nivel de extensión mayor e integral a los valores que, en la actualidad, generan tensiones y relaciones antagónicas, sino un proceso de confederación de intereses, opiniones y percepciones incluyentes, en el cual la consolidación personal de lo querido se encuentre contextualizada por una educación que precisa de una transformación de los conflictos por métodos pacíficos y, subsecuentemente, de un proceso integrador hacia una cultura superior.

El punto nuclear de la paz –dirán lo autores, a lo largo de su decidido estudio– es que aquello no puede observarse como una repercusión de la inexistencia del antagonismo que espera diluir, la paz es, desde luego, algo que puede ser enseñado, puede ser transmitido, asido y aprehendido por la conciencia humana, como un proceso interminable en que las garantías pasadas se entrelacen con las ulteriores, como un esquema dialógico en el cual los espíritus se congreguen para hacer frente a las amenazas futuras, aprendiendo de la experiencia pasada, comprendiendo que la educación supone salidas expeditas para reinterpretar el estado de no-violencia y que es, precisamente, esta consideración inicial la que lleva a promesas de futuro no-violentas, todo lo cual supone traspasar las fronteras propuestas por la institucionalidad y las estructuras y virar hacia una renovada confianza en el hombre.

Sin embargo, comprender esta nueva virtualidad de la paz, su sentido pedagógico, su consideración transversal que forma un tridente integrador entre escuela, sociedad y gobierno, resulta necesario, ir un paso más allá, hacia la teorización pragmática del “pacifismo científico” –novedoso estudio propuesto por los autores para la consideración de la paz– que precisa la necesariedad de entender a los métodos alternos de solución de conflictos como presupuestos indispensables para la transformación positiva de los conflictos, la metamorfosis estructural, la aprehensión de la tolerancia, la equidad y la justicia, una especie de eslabón que permite hacer perceptible, mediante la transversalización educativa, la exclusión del racismo, la pobreza e, incluso, el terrorismo.

La educación es, pues, el eje motor que permite, desde la interacción docente-educando, la potencia innovadora que, dejando la percepción educacional deductiva cifrada en los conceptos aparentes y determinadores del mundo, apercibir una cultura dinámica, incluyente, dúctil que considere como limite la “paz perpetua” kantiana, no como presupuesto asible mas como tendencia referencial hacia la cual se dirige la humanidad con sus innumerables yerros e inmensurables aciertos, empero, imprescindible para una sociedad que, en la actualidad, ya da muestras de comprender la diversidad y la interacción de diversas perspectivas que aglutinadas bajo la egida de un nivel educacional optimo y preventivo, generen una nueva consolidación de la ciudadanía, un grupo amalgamado por su propio empoderamiento, conocedor de sus retos, consciente de sus ausencias y persistente en el camino hacia la paz positiva, como elemento indispensable para la consideración armónica del todo humano, en definitiva, preparado para la paz desde el estudio y la educación proactiva de la paz misma.

Advertirán los autores que, para que el efecto educativo sea fructífero, los niveles escolares –con lo cual se da un paso más allá de una simple confección e inclusión curricular tendenciosa– deberán integran la consideración de un individuo consciente, preparado e inherente a un contexto que lo delimita, un sujeto revestido por valores comunitarios, que sin desconocer sus propios intereses comprende la necesidad del vivir para el otro, pues, se encuentra inmerso en la comunidad como factor de cambio y esta, a su vez, lo define con la identidad de que le recubre, consciente de los conflictos, empero, aún más, con la clarividencia suficiente para observar oportunidades y no irresoluciones, con la posibilidad de aglutinar a su querer el querer de los demás y lograr una pluri-satisfacción de necesidades inherentes y no contrarias, persistente en la concertación trans-subjetiva y la consideración racional no-individuada, sino de una consideración que confluye en rendimientos óptimos para la especie y alejado del automatismo para acercarse a la sagacidad creadora y a la sensatez social.

En definitiva, “la construcción de la paz exige educar para la justicia y la libertad; para la reconciliación y la fraternidad; para la conciencia crítica y la solidaridad; para el desarrollo integral y la democracia; para el bien común y la participación…”, por eso, la repercusión teleológica educacional sobre el ser humano que se define hacia una comunidad y la, concomitante, consideración cultural, son ejes modulares y tendenciales del ser humano mismo que sumergen su consideración hacia la estabilidad de sus propósitos individuales, no obstante, cuando cultura y educación se aúnan y la frecuencia de esa unión se encuentran revestidas por la indubitable consideración de la paz como necesidad preventiva e incluyente posibilidad de unión humana, entonces los basamentos de una sociedad portentosa, engalanada por la cooperación y el respeto mutuo, no han de ser esperados, pues, su presencia ya es notable, haciendo de su perfeccionamiento la tarea presente y el futuro la distancia entre patrones para su propia evolución.

Finalizando esta breve consideración, permítaseme una breve digresión personal, el esfuerzo incuestionable que los autores han realizado, no se trata tan sólo de una obra que por sus matices representa la necesaria extensión de un conocimiento inadvertido que requiere su aprehensión, sino que, la empresa académica de Paris Cabello y Reyna Vázquez suponen, desde luego, la perfecta consolidación de un industrioso propósito previsto desde los resquicios académicos que intenta zanjar la distancia existente entre la educación y la sociedad, que no pocas veces se hace perceptible, sino que trascendiendo a la realidad por la necesaria e irreductible confesión por la “paz”, como intangibilidad propia para codificar un renovado sentido de civilización, representa una fuente inagotable para la consideración humana, alejada de la siempre socorrida imperfección, y la construcción de un nuevo estado de cosas que constituyen una suerte de esperanza reveladora al interior de un mundo rivalizado y tirante, antagónico e incierto.

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Ficha Técnica

Título: "Cultura y Educación para la paz. Una perspectiva transversal"
Autor libro: Paris A. Cabello-Tijerina & Reyna L. Vázquez Gutiérrez
Reseña por: Diego F. Yanten Cabrera
Número:
Páginas: "165-169"
URL: http://www.comunitania.com/diego-yanten-cabrera-cultura-y-educacion-para-la-paz-una-perspectiva-transversal/
DOI: http://dx.doi.org/10.5944/comunitania.17.11
Revista: Comunitania, Revista Internacional de Trabajo Social y Ciencias Sociales