Investigación de la Práctica en Trabajo Social para el siglo XXI, 2010

Anne E. Fortune, Philip McCallion, Katharine Briar-Lawson:
Investigación de la Práctica en Trabajo Social para el siglo XXI, 2010

Reseña realizada por: Sagrario Segado Sánchez-Cabezudo

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Reseña:

El objeto de estudio y de aplicación del Trabajo Social es el siguiente: el logro del bienestar personal en el marco primigenio que constituyen las relaciones sociales (familiares, grupales, comunitarias, institucionales…). Sin el papel que ejerce el Trabajo Social, un número importante de personas en nuestra sociedad tendría escasa o nula protección ante las desigualdades sociales y económicas que van en aumento, y que definen la vida de muchos individuos, familias y comunidades en el siglo XXI. Pero ¿cuál es exactamente este papel? Teoría y práctica se unen para redefinirlo y elaborar así un conocimiento útil para luchar contra dicha desigualdad.

Sabemos que el Trabajo Social es una ciencia que se construye tanto con los recursos científicos como con los recursos personales de los trabajadores (López Peláez, 2010 a y b), y esta descripción, bien podría aplicarse a cualquier otra ciencia. De sobra conocemos que los recursos científicos proceden de la aplicación rigurosa del método científico. Pero ¿cuáles serían los recursos personales? Y ¿cómo se normalizan desde la cientificidad de nuestra disciplina, como paso previo para la transmisión de este conocimiento? Desde luego, la aproximación que ofrece este libro centrada en la investigación de las aplicaciones prácticas del Trabajo Social, resulta una herramienta de gran utilidad en la construcción de este conocimiento.

Esta obra ofrece una respuesta bien articulada académicamente. En la que se presentan ejemplos y pautas para la investigación de extraordinario valor, que nos permitirán abordar asuntos centrales como, la traducción de las prácticas recurrentes (con una adición importante de recursos personales por parte del trabajador social) a resultados científicos. Y asuntos no tan centrales para la propia metodología de la disciplina, pero que terminan incidiendo de forma decisiva en su devenir, como el factor actual de agravamiento que supone la crisis económica sobre la población en riesgo. Además, merece mención aparte la contribución útil que aporta al ofrecernos un mapa de ruta sobre la agenda de investigación en el S.XXI.

Partiendo de una visión retrospectiva, en la primera parte, podemos adentrarnos en la ruta histórica que ha seguido la investigación científica. Se mencionan las infraestructuras vitales que han vertebrado la investigación entorno a la práctica en Trabajo Social, qué tipo de prácticas se han generalizado a partir de la experiencia, y se describe la investigación cualitativa como recurso explicativo de extraordinario valor, sobre todo si se combina con la investigación cuantitativa. Esta argumentación, puede resumirse en un afirmación que realiza Ian Shaw (capítulo 3), y que suscribo completamente: “esta combinación es el tipo de trabajo que tiene probabilidad de provocar un impacto significativo en la esfera política, porque penetra en la teoría desde su arraigo en la experiencia” (pág.44)

Desde esta mirada histórica, el libro continua el recorrido por la evolución de la investigación y en la segunda parte, nos describe el estado actual de la Práctica Basada en la Evidencia (Evidence-Based Practice, EBP). Esta práctica supone un proceso en el que el profesional combina intervenciones ampliamente respaldadas por la investigación, junto a su experiencia terapeútica, en el marco de un código ético. El profesional, el investigador y el cliente, trabajan juntos, para identificar qué es lo que funciona, para quién funciona y bajo qué circunstancias. Este tipo de prácticas asegura que las técnicas formales, los recursos personales y las actuaciones institucionales, cuando se usan según lo planeado, van a tener resultados exitosos, como ya se ha constatado previamente desde fuentes científicas.

Aquellos programas que han probado su éxito y que se inscriben bajo esta denominación, suelen tener una amplia difusión, a través de una serie de canales ya establecidos, como: “The Campbell Collaboration Library”, “The Community Guide:CDC”, “The Center for the Study of Prevention of Violence” o “The Nacional Cancer Institute: Research-Tested Intervention Programs” entre otros. Todas estas instituciones recomiendan, como se ha mencionado, intervenciones que han sido seleccionadas bajo una revisión científica rigurosa y sistemática, seleccionadas entre estudios publicados en revistas, que entre otros controles de calidad, cuentan con sistemas de revisión anónimo por pares.

En esta segunda parte, y bajo esta denominación de “prácticas basadas en la evidencia” se dirige la atención y se detalla su aplicación a diversas áreas del Trabajo Social. Como el Trabajo Social con Grupos (capítulo 4), o los efectos duraderos de las intervenciones sobre el desarrollo social (capítulo 5), el trabajo con niños con enfermedades mentales (capítulo 6), y la investigación socio-conductual que se ha llevado acabo con personas mayores (capítulo 8). Se expone igualmente una propuesta de trabajo para prevenir el uso de las drogas con niños y jóvenes latinos, culminando este apartado, con una síntesis que pone orden a los estudios de investigación que se han realizado en el área del Trabajo Social (capítulo 11). En este último capítulo, resulta de particular interés para la evolución científica de nuestra disciplina, el apartado que se dedica a las principales fuentes de sesgo en la investigación. Se identifican las tres más relevantes: 1) el diseño y la implementación de la investigación, 2) la publicación y diseminación de los datos y 3) la posibilidad de que las conclusiones de las investigaciones puedan estar contaminadas por las empresas o instituciones que los patrocinan.

La tercera parte, se dedica a exponer un ejemplo del desarrollo de un modelo empírico ampliamente difundido: el Trabajo Social con Casos. A lo largo de once capítulos, se detallan cuales han sido sus principales aplicaciones, adaptaciones, contribuciones y limitaciones a lo largo de todo el planeta. Dedicando cada uno de los capítulos a un país: Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Alemania, Suiza, Noruega, Australia, Japón, Corea del Sur, China y Taiwán.

Por último la cuarta y última parte, está integrada por tres capítulos, que ofrecen valiosas directrices para el futuro de la investigación en Trabajo Social. Apuestan por la mejora de nuestra capacidad investigadora sobre las intervenciones que se están llevando acabo en la actualidad, e igualmente apuestan por el desarrollo de modelos de intervención que tengan una orientación eminentemente práctica.

Sin embargo, sorprende leer en el primero de estos capítulos (capítulo 24), que hasta el momento, en nuestra disciplina, no se han abordado los interrogantes principales en investigación, como: ¿qué hacen los trabajadores sociales? O ¿Qué tipo de prácticas deberían emplear los trabajadores sociales? En este punto, muchos podríamos discrepar de la autora. Sabemos, como se ha mencionado con anterioridad, que nuestra ciencia, es joven. Pero después de los debates de Kuhn, Lakatos o Stegmüller, sugerir una aplicación ingenua del modelo de las ciencias exactas al ámbito social es algo completamente superado por la moderna metodología de las ciencias sociales. El conocimiento en nuestras disciplinas otorga un peso importante a la probabilidad, pero esto también ocurre en las ciencias exactas. Podemos afirmar que las limitaciones que impone nuestro objeto de estudio, los seres humanos, no cuestionan la cientificidad de nuestros resultados, sino que la contextualizan.

Somos una disciplina científica porque así lo hemos formulado y abordado desde prácticamente nuestros comienzos. Rich (1956), haciendo un recorrido por los orígenes del Trabajo Social, nos explica que los hombres y las mujeres que comenzaron algunos de los movimientos troncales que han dado lugar a nuestra disciplina actual, como el movimiento de Organización de la Caridad en Nueva York en 1882. Estaban convencidos de que existía una ciencia de la “Caridad”, y que la pobreza podía curarse y prevenirse porque era resultado de una serie de causas que podían descubrirse y eliminarse. Causas relacionadas con la personalidad o el carácter, los antecedentes, las circunstancias ambientales y causas que se encontraban aún más lejos y que debían ser estudiadas desde una discriminación positiva si se quería integrar a estas personas plenamente en la sociedad.

También hay documentos que datan de más de un siglo, que demuestran que hemos abordado cuestiones relativas a la importancia de unir al investigador y al profesional a la hora de tomar decisiones acerca de qué prácticas emplear: “Nosotros, los de las Sociedades para la Organización de la Caridad, venimos a la Conferencia Nacional con una deuda peculiar que no tienen los otros miembros. La mayoría de vosotros tratáis con personas pobres o deficientes o delincuentes como “individuos” excluidos de sus relaciones familiares. Nosotros tratamos con la familia como un todo, normalmente trabajando para mantenerla unida aunque algunas veces el trabajo se dirige a fragmentarla en unidades que colocamos a vuestro cuidado. No hay tema que se trate en la Conferencia que no sea necesario… No nos podemos permitir faltar a una sola de las sesiones de esta semana. Nosotros somos profesionales de lo general y tenemos mucho que aprender de vosotros, los especialistas.” (Smith, 1888:377 en Rich, 1956) y lo seguimos haciendo en la actualidad.

Otro asunto sin embargo, sería argumentar la falta de cientificidad de nuestra disciplina en base a otras cuestiones, como: la sistematicidad en la investigación, la unificación de criterios, o la escasez de modelos teóricos o incluso prácticos que se hayan puesto a prueba con suficiencia y rigurosidad y que estén lo suficientemente extendidos. No obstante y por suerte, las opiniones nunca serán unánimes en nuestra disciplina, criticamos la heterogeneidad de la investigación y la falta de criterios que la unifiquen, pero criticaríamos igualmente la homogeneidad, por ejemplo, por las dificultades que entrañaría para la innovación.

En definitiva, este libro supone una profundización valiosa y necesaria en el devenir científico de la disciplina del Trabajo Social. Pone de relieve la importancia de conciliar la investigación científica y la intervención profesional, y profundiza en una perspectiva muy interesante para el desarrollo de nuestra ciencia en los próximos años: la Práctica Basada en la Evidencia (Evidence-Based Practice, EBP). Merece la pena leerlo y debatir sus conclusiones, para avanzar en la doble dimensión de cualquier ciencia social: desarrollo teórico y aplicación empírica, o, si se prefiere, conocimiento e intervención social.

Bibliografía:

López Peláez, A. (ed.) (2010a). Teoría del Trabajo Social con Grupos. Madrid: Universitas.
López Peláez, A.(ed.) (2010b).Técnicas de Diagnóstico, Intervención y evaluación Social.Madrid: Universitas.
Rich, M. E. (1956). A Belief in People: A History of Family Social Work. Family Service Association: Richmond.
Smith, Z. D. (1888), presidente de la “Organización de Caridad” . Informe del Comité de Organización de Caridad. Procedimiento, NCCC. En Rich, M. E. (1956). A Belief in People:A History of Family Social Work. Family Service Association: Richmond.

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Ficha Técnica

Título: "Investigación de la Práctica en Trabajo Social para el siglo XXI, 2010"
Autor libro: Anne E. Fortune, Philip McCallion, Katharine Briar-Lawson
Reseña por: Sagrario Segado Sánchez-Cabezudo
Número:
Páginas: "161-164"
URL: http://www.comunitania.com/sagrario-segado-sanchez-cabezudo-investigacion-de-la-practica-en-trabajo-social-para-el-siglo-xxi-2010/
DOI: http://dx.doi.org/10.5944/comunitania.2.10
Revista: Comunitania, Revista Internacional de Trabajo Social y Ciencias Sociales